No es lo mismo estar solo que sentirse solo. Hay momentos en los que elegimos la soledad de manera consciente. Otra cosa es cuando esta situación causa malestar y puede afectar a la salud emocional.
La soledad puede ser un tiempo para reflexionar, descansar, conectar contigo misma o realizar actividades que te gusten. Esa soledad puede aportar beneficios emocionales. Sin embargo, cuando no se elige, cuando aparece sin que la hayamos buscado y no se disfruta, genera sufrimiento. La persona puede sentirse sola incluso cuando está rodeada de otros y suele experimentar un deseo profundo de compañía y conexión que no está satisfaciendo.
Algunas señales que pueden ayudar a identificarla
La soledad suele manifestarse como una tristeza constante, un sentimiento de vacío o desesperanza, incluso cuando se está rodeada de personas. Puede ir acompañada de ansiedad, irritabilidad o una percepción de aislamiento profundo que no desaparece con el tiempo.
También es común evitar situaciones sociales o sentir que no se tiene a nadie con quien hablar o compartir los sentimientos. A veces el cuerpo también lo refleja: cambios de apetito, en el sueño o en los niveles de energía pueden ser indicios de que se está atravesando esa situación.
Es importante recordar que cada persona es diferente y vive la soledad de manera distinta. Aunque la palabra sea la misma, la experiencia en única para cada una.
Si sientes que estás sola o solo, y no deseas estarlo, es importante buscar apoyo, ya sea hablando con amigos, familiares o profesionales de la salud mental. También puedes consultar los servicios de tu ayuntamiento disponibles. Es el primer paso para volver a sentirse bien.
*Fuente: “Un vínculo puede ayudar a cambiar una vida” del Grupo de Apoyo entre Iguales (GAM) de Cornellà de Llobregat (Barcelona).








