En un mundo cada vez más acelerado y digital, encontrar espacios donde parar, crear y relacionarnos cara a cara es casi un lujo. Por eso, los talleres de microrrelatos presenciales son una propuesta sencilla pero poderosa.
No hace falta tener experiencia ni grandes conocimientos literarios para empezar a escribir un microrrelato. Al contrario, este género breve invita a experimentar, a equivocarse y a descubrir que todas y todos tenemos historias que contar.
Pero, más allá del beneficio individual, uno de los grandes valores de los talleres de microrrelatos está en lo colectivo. Poco a poco, el grupo deja de ser un conjunto de desconocidos y se transforma en una pequeña comunidad creativa. En palabras de Ana Martínez, facilitadora en los talleres de microrrelatos de SOINHEZI: “El grupo tiene unos lazos muy fuertes de amistad, están unidos por una afición común y creo que han aprendido a reflexionar sobre diferentes puntos de vista. Esa, es para mí, la mayor riqueza de los grupos presenciales. Tienes a tu compañera o compañero enfrente, conoces, escuchas y valoras su punto de vista y la diferente manera de abordar una propuesta de escritura”.
Cuando estos talleres se desarrollan en barrios, pueblos o espacios culturales cercanos, el impacto va aún más allá. Se convierten en una alternativa de ocio que invita a salir de casa, a conocer a otras personas con las que quizá nunca habríamos coincidido y, también, en un punto de encuentro intergeneracional y diverso.
En un momento en el que buscamos fórmulas para fortalecer las redes sociales y evitar el aislamiento, estos talleres nos demuestran que, a veces, una historia breve es suficiente para acercarnos a los demás.
*Fotografía: taller de microrrelatos de SOINHEZI en la biblioteca de Abusu-La Peña (Bilbao).



