Según estudios recientes, vivir con sentido y sentirse útil no solo mejora el ánimo sino que también protege el cerebro.
Un nuevo camino a la prevención cognitiva
El envejecimiento no solo trae cambios físicos, sino también mentales, y muchas veces se asocia con la pérdida de memoria o el deterioro cognitivo. Sin embargo, como recoge este artículo, la ciencia muestra que el bienestar emocional y tener un propósito en la vida puede ayudar a proteger la mente con el paso del tiempo, incluso ante la presencia de factores genéricos o neurológicos.
Un estudio publicado en la revista estadounidense Psychology Today demuestra que los adultos mayores que experimentan niveles mayores de bienestar presentaban mejor rendimiento cognitivo. Incluso, si se reducía, esto se correspondía con un deterioro en la capacidad mental. Esta relación se mantuvo sin importar aspectos como edad, sexo, nivel educativo, síntomas depresivos o predisposición genética al Alzheimer.
El propósito vital, más que la simple satisfacción con la vida
Todo esto indica que la relación entre bienestar y mente sana no depende solo del estado de ánimo o la simple satisfacción general. Sentir que la vida tiene un sentido claro, junto a la autonomía, el crecimiento personal y los vínculos sociales, ayudan a mantener la mente en forma.
Lo más interesante es que esto abre un nuevo camino a la prevención: tener un propósito y bienestar podría ser tan importante como llevar una dieta saludable o hacer ejercicio.
Además, a diferencia de factores genéticos o neurológicos, el propósito vital se puede fortalecer en cualquier etapa de la vida, incluso en la vejez.
Algunos datos para pensar
Si ponemos cifras al envejecimiento, todo esto alcanza una importancia todavía mayor.
Según un informe del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en 2025 cerca de un 20,4% de la población española tiene 65 años o más.
En Euskadi, la proporción es aún mayor. Los datos de enero del año pasado muestran que el porcentaje de personas de 65 años o más representan el 24% de la población total.
Ante este tremendo desafío, la ciencia nos sugiere que invertir en bienestar y sentido vital no solo mejora la calidad de vida, sino que también ayuda a proteger algo tan valioso como nuestra mente.








